El genoma es el conjunto completo de instrucciones para el funcionamiento de un organismo. Se trata de un libro escrito con solo cuatro unidades químicas —adenina, timina, citosina y guanina (A, T, C y G)—, llamadas nucleótidos. En los seres humanos, esta lista de instrucciones tiene unos 3.300 millones de pares de bases, que se encuentran en los 23 pares de cromosomas dentro del núcleo de todas nuestras células.
La humanidad descifró este código a principios de este siglo. En abril de 2003, el Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano en Estados Unidos celebró la finalización de la secuencia del genoma humano. Sin embargo, la tarea no estaba completa. No solo porque en ese momento solo se había secuenciado el 92% de la información (el 8% restante se consiguió en 2022 gracias a la tecnología), sino porque los avances se centraron en muestras de pocas personas. Para ampliar esa visión sobre la diversidad genética de la humanidad, surgieron iniciativas para secuenciar más genomas humanos alrededor del mundo.
En Colombia, el Consorcio para la Diversidad Genómica, Ancestría y Salud en Colombia (Código-Colombia) acaba de publicar un estudio en la revista Communications in Biology, del portafolio de Nature. En él, presentan la primera versión de su base de datos, única en el país, compuesta por 1,441 genomas de colombianos, provenientes de 14 poblaciones. Este es un acercamiento a los orígenes de la diversidad genética del país y a información útil para una medicina más precisa, adaptada a la diversidad genética de los colombianos.
¿De dónde venimos?
El estudio, realizado a partir de genomas proporcionados por investigadores de instituciones de todo el país, permitió construir un panorama de la diversidad genética nacional. El análisis identificó varios grupos de ancestría, con un promedio de ascendencia africana del 16.7%, indígena americana del 32.8% y europea del 50.65%.
Aunque estas cifras generales muestran el mestizaje que caracteriza a Colombia, los investigadores señalan que este mosaico no es uniforme. Según Augusto Valderrama, profesor de la Universidad de los Andes y director del proyecto, es de esperar que en regiones como el Chocó la herencia africana sea predominante, mientras que en el suroccidente (Cauca y Nariño) predomine la indígena, y en Antioquia o el Eje Cafetero la europea.
El profesor Valderrama aclara: «El dato que publicamos corresponde al promedio de las casi 1,500 muestras analizadas, no necesariamente al total del país. La composición genética varía mucho según la región. Lo que estos resultados nos dicen es que, a pesar de más de cinco siglos de mestizaje, todavía existen regiones donde las huellas ancestrales se conservan con bastante claridad».
Hallazgos clave para la salud
Más allá del retrato general de la ancestría, el consorcio identificó más de 95 millones de variantes genéticas, algunas con implicaciones directas en la salud y la respuesta a medicamentos.
- Resistencia a la malaria: En poblaciones afrodescendientes se detectó una variante que confiere resistencia natural a la malaria causada por los parásitos Plasmodium. Esto ayuda a entender por qué, a pesar de que el parásito circula constantemente en Colombia, las tasas de mortalidad son menores que en África.
- Predisposición a enfermedades: En poblaciones con mayor ascendencia europea, identificaron variantes que predisponen a enfermedades como la hemocromatosis tipo 1 o la hipercolesterolemia familiar tipo 1. Esto permite orientar mejor los programas de salud pública y enfocarlos en condiciones que podrían estar subregistradas en ciertas regiones.
- Farmacogenómica: Se encontraron variantes que afectan la respuesta a los medicamentos. Por ejemplo, en individuos afrodescendientes se halló una variante que hace que metabolicen muy rápido el inmunosupresor tacrolimus, usado en trasplantes renales. Esto aumenta el riesgo de rechazo si se administran dosis estándar. Con esta información, proponen que las guías clínicas en Colombia incluyan una prueba genética para ajustar las dosis al paciente, lo que se conoce como inmunosupresión personalizada.
Además, se identificaron variantes en poblaciones con ascendencia europea asociadas a un mayor riesgo de dependencia a la nicotina. Una variante, asociada tanto a la ascendencia indígena americana como a la europea, se vinculó a un mayor riesgo de toxicidad por metotrexato, un medicamento común para la artritis y el cáncer.
El futuro del genoma colombiano
Para los científicos, estos hallazgos demuestran la importancia de construir una base de datos genómicos de referencia para el país.
El profesor Valderrama alerta: «Aunque se han secuenciado 1,441 genomas, necesitamos más para tener una base sólida. Se calcula que en el país se han gastado el equivalente a cerca de 40 millones de dólares en pruebas de secuenciación de ADN en la última década sin que exista un repositorio nacional para conservar esos datos. Se ha perdido información valiosa de aproximadamente 40,000 colombianos».
El proyecto de Código-Colombia surgió hace cuatro años, bajo el liderazgo de la Universidad de los Andes, a partir de la experiencia previa de ChocoGen (creada en 2012). Su objetivo es conocer, con rigor científico, la composición genética de los colombianos y sus implicaciones para la salud.
Los resultados de Código-Colombia representan un paso importante para centralizar esta información y ponerla a disposición de la comunidad científica y del sistema de salud. El profesor Valderrama destaca: «Ese es el gran paso que necesitamos dar: que cada secuenciación genética hecha en el país alimente este repositorio para avanzar hacia una medicina personalizada real y accesible para todos». Además, este estudio ayuda a reducir la brecha de investigación genómica en Latinoamérica, ya que las poblaciones latinas han estado históricamente subrepresentadas.
A pesar de ser un avance valioso, el proyecto tiene limitaciones. Expertos consultados por EL TIEMPO señalan que, al ser una base exclusivamente genómica, carece de información demográfica, socioambiental y antropológica, lo que limita los análisis interdisciplinarios. También consideran que la muestra es aún limitada dada la gran diversidad de Colombia.
Hacia una colaboración nacional
Para fomentar la investigación y la colaboración, el consorcio lanzó una plataforma web de acceso público donde la comunidad científica puede explorar los datos resumidos. Sin embargo, los investigadores reconocen que todavía hay un largo camino por recorrer.
Para ello, desde Código-Colombia solicitan una fuerte colaboración con el Gobierno, en particular con el Ministerio de Salud, para que se decida que todos los datos de secuenciación genómica de colombianos financiados por el sistema de salud permanezcan en el país y se almacenen en repositorios como el que se está construyendo.
El profesor Valderrama concluye: «Infraestructura ya tenemos. La capacidad computacional necesaria está lista y al servicio del país. Pero lo que necesitamos ahora es masa crítica. No basta con 1,400 individuos de dos o tres departamentos: necesitamos 50,000, 60,000, 100,000 datos de genomas que representen a todo el país. Estoy seguro de que existen, solo necesitamos una comunidad científica dispuesta a unirse en torno a este esfuerzo».
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